Estos días he dejado un poco abandonado el blog. Ya lo sé. He tenido tantos líos y tantos viajes como para publicar unas cuantas entradas. Unos 18.120 kms. este mes lo avalan. ¡Y eso que sólo tuve una semana de vacaciones!

Ahora toca el descanso veraniego de verdad. El que espero que marque un antes y un después. Y es que tengo una deuda pendiente y una espinita con el Camino de Santiago, que comenzaré (o más bien retomaré) este domingo.

Esperamos llegar en 24 días si todo sale bien, así que dejaré de lado los post en este espacio por un mes. Delante nos quedan 600 km. que recorrer a pie con paciencia y disfrutando de cada tramo en la mejor compañía.

Hasta pronto.

Anuncios

Situada en los remotos Territorios del Noroeste, la carretera entre Tibbitt y Contwoyto, en Canadá, está considerada como la ruta más peligrosa del mundo. Esta carretera, conocida como Denison’s road, se adentra en las regiones árticas y recorre más de 500 kilómetros hasta alcanzar las gigantescas minas de diamantes del norte. Su peligrosidad radica en el hecho de que el 85% de su recorrido transcurre sobre lagos helados, de modo que la capa de hielo puede romperse en cualquier momento y tragarse a los camiones que circulan por ella.

La ruta solo es transitable en los meses más duros del invierno, cuando las islas que albergan las minas quedan temporalmente conectadas con tierra. Cada año, los equipos de la compañía Nuna Logistics, reconstruyen cuidadosamente la carretera. Cuando el hielo adquiere el espesor suficiente, las gigantescas máquinas quitanieves abren una ruta de decenas de metros de anchura, equivalente a una autopista de ocho carriles, que permite el transporte de camiones de hasta 70 toneladas hasta las minas.

¡Por lo menos no es una autopista de pago!

Existe un lugar en las montañas de Colorado donde la nieve es color de rosa. Aunque el fenómeno se produce en otras montañas del mundo, aquí es tan frecuente que algunos lugareños la han probado y la llaman ‘watermelon snow’ por su sabor a sandía.

Aunque durante años hay quien ha buscado explicaciones mágicas, la coloración de la nieve se debe a la presencia de un alga llamada “chlamydomonas nivalis”. Según los científicos no pasa nada por comerla, aunque si se ingiere en cantidades suficientes puede producir una vistosa “diarrea rosada”.

Desde tiempos inmemoriales el fenómeno de la nieve rosa ha intrigado a alpinistas y exploradores de todo el mundo, y fue mencionado por Aristóteles en sus tratados sobre Naturaleza. Las grandes extensiones de nieve rosa son visibles al final de la primavera. Cada centímetro de nieve contiene millones de algas microscópicas, cuya concentración puede alcanzar una profundidad de hasta 25 centímetros.

Existen hasta 350 tipos de algas capaces de sobrevivir a bajas temperaturas; algunas convierten la nieve en negra, marrón o amarilla.

Pero solo la extraordinaria “Chlamydomonas nivalis” consigue darle este aspecto de apetecible sandía.

El tren que atraviesa el desierto entre las ciudades de Nuadibú y Zourat, en Mauritania, arrastra una cadena de vagones de casi tres kilómetros de largo. El convoy transporta alrededor de 22.000 toneladas de hierro desde la gigantesca mina de Zourat, en mitad del Sahara, hasta la costa mauritana. El viaje puede llevar todo un día y cubre una distancia de unos 700 kilómetros, cruzando por uno de los lugares más desolados del planeta. En más de una ocasión, el tren ha sido atacado por el Frente Polisario a su paso por la frontera con el Sahara Occidental.

El tren es arrastrado por entre 3 y 4 locomotoras diesel-eléctricas de 3300 CV, que mueven unos 200 vagones cargados con 80 toneladas cada uno.

En los últimos tiempos se han añadido un par de vagones para pasajeros en la cola del tren, pero aún así son muchos los que prefieren viajar en lo alto de los vagones de carga, que consideran más “confortables”.

La mina del lápiz esta hecha de carbono.

Cuando escribimos o dibujamos, la mina de carbono se desgasta, quedando un trazo de carbono pegado en el papel. La goma borra el lápiz, porque esta hecha con un material  plástico que absorbe el carbono. Al frotar el trazo con la goma, el carbono se queda pegado a esta y el trazo desaparece. La goma se va desgastando, ya que el plástico sucio de carbono se desprende y la goma queda limpia.

El rotulador o el bolígrafo no se puede borrar con la goma, porque la tinta penetra en el papel, además, la goma no absorbe la tinta.

Entre gritos y periódicos que se repiten en el cine, es curioso que, en el caso del primero, ya sea considerado casi un chiste entre los encargados de sonido de cualquier producción cinematográfica que se precie:

Lo llaman el Grito de Wilhelm y fue utilizado por primera vez en el año 1951 en la película Distant Drums, aunque su nombre está relacionado con otra película en la que se utilizó: The Charge at Feather River, en la que el personaje que emitía el famoso grito se apellidaba Wilhelm.

El que pone la garganta en el grito es el actor Sheb Wooley, actor y cantante fallecido en el 2003. Lo cierto, es que su grito pasará a la posteridad gracias a su inclusión en más de 130 películas, y en muchas de ellas ya se hace a modo de homenaje.

Mientras que el segundo pase más desapercibido,  no por ello carece de importancia. Y si no, basta con ver el rostro de la mujer en este enlace.

Parece que es usado desde principio de la década de los ochentas (aparece en series como Knight Rider o Remington Steel) hasta nuestros días (se puede ver en Desperate Housewives e inclusive No Country for Old Men).

¿El motivo? muy probablemente tenga que ver con el Copyright. Los abogados de los grandes estudios y productoras seguramente por miedo a ser demandados por uso no autorizado de una obra, pidieron diseñar un periódico que sea 100% ficticio, con textos y fotos de las cuales ellos tengan todos los derechos, y desde hace veinte años se repite el uso por simple comodidad.

En muchos países es costumbre, cuando se celebra un cumpleaños o un aniversario, poner velas en un pastel o tarta y soplarlas. Sobre el comienzo de esta costumbre hay varias versiones.

La teoría más extendida se remonta a la Grecia clásica, donde se realizaban fiestas, en noches de Luna llena, en honor a la diosa Artemisa. En estos festejos se colocaban velas sobre dulces redondos con el objetivo de proporcionar al dulce el aspecto luminoso de la Luna, pero también con la idea de conectar con la divinidad a través del humo que las velas desprendían tras ser sopladas. Los griegos creían que con este ritual, Artemisa proporcionaba protección a quienes participaran en la ceremonia.

Más tarde, el rito fue censurado por el cristianismo por considerarlo una práctica pagana. Con el paso del tiempo, fue diluyéndose el significado primario del acto y su práctica comenzó a asociarse a la esperanza de ver cumplido un sueño o deseo. Hacia el siglo IV, el cristianismo dio su beneplácito a la tradicional práctica.

Algún día tuvo que ser. Concretamente hacia el 1170 a. C. con el reinado de Ramsés III. Los egipcios dieron el pistoletazo de salida de una de las reivindicaciones laborales más antiguas.

Todo comenzó en un poblado de la ribera occidental del Nilo llamado Deir el-Medina, uno de los más prósperos asentamientos de obreros y artesanos del Antiguo Egipto. Contaban que, antes de dar comienzo a cualquier obra, artesanos y obreros firmaban un contrato en el que se ajustaba la duración del trabajo y el salario. Este se pagaba en especie, en forma de raciones mayores o menores en función de la categoría de cada cual. Además, las familias cultivaban pequeñas parcelas y criaban cerdos, cabras y ovejas.

El periodo laboral era de diez días, a razón de ocho horas diarias, y comenzaba al salir el sol. Al acabar, no regresaban al pueblo sino que pasaban la noche en unas casas provisionales, levantadas al lado del Valle de los Reyes.

Sólo se podía faltar por enfermedad, por el cumpleaños de la madre o por ausencia de la mujer, pero en la práctica había toda clase de excusas: cuidar un burro enfermo, preparar una fiesta, o la muerte de un familiar, motivos todos ellos que, en teoría, conllevaban una sanción.

Pero un buen día, el pago de salarios se retrasó más de lo acostumbrado, y los trabajadores, empujados por el hambre, abandonaron sus trabajos y se lanzaron a las calles hasta conseguir sus objetivos.

Años después, con Ramsés IX y Ramsés X se repitió la historia.

¿Por qué elimina las manchas y deja nuestras prendas tan blancas? Tiene su explicación.

Al parecer sabe distinguir el blanco de los colores, pues se “come” el color si por accidente nos salpica una prenda. Y es capaz de blanquear todas las manchas con independencia de su composición química.

En realidad la lejía no sabe nada del color blanco, aunque sí del resto de colores y es que la lejía ataca a los compuestos químicos coloreados. Y a éstos los distingue en base a la situación de los electrones de sus coloreadas moléculas.

La luz solar contiene todos los colores y es precisamente la coincidencia de todos ellos lo que a nuestra visión particular la presenta sin ningún color. Por ello la llamamos luz blanca.

Cuando la luz incide sobre una prenda puede ser que todos los colores de la luz blanca se reflejen por igual. Entonces decimos que es blanca puesto que sólo podemos juzgarlo por la luz que envía a nuestos ojos.

Si la prenda está manchada quiere decir que lo está de una sustancia que no es de color blanco. Ello supone que absorbe o retiene algunas de las frecuencias correspondientes a unos colores y refleja el resto. Esa tonalidad reflejada llegará a nuestros ojos y podremos decir que la mancha es de tal o cual color.

Cuando una sustancia absorbe energía luminosa, en realidad son los electrones presentes en sus moléculas los que realizan tal absorción. Y cuando esto sucede, los electrones se excitan hasta alcanzar un nivel de energía superior en las moléculas.

Así, en la ropa o cualquier otra sustancia de color blanco, los electrones de sus moléculas ya se encuentran al máximo nivel energético y por ello no absorben más energía y repelen todas la frecuencias de la luz solar. Y en las ropas coloreadas, manchas o cualquier otra sustancia de color, los electrones de sus moléculas tienen una energía particularmente baja y, por tanto, son susceptibles de capturar energía y de mostrar el color correspondiente a la frecuencia energética rechazada.

Y así es como funciona la lejía o hipoclorito de sodio, “tragándose” —o hablando con más propiedad oxidando— esos electrones de baja energía, de manera que ya no están disponibles para absorber energía. Provocando con ello que todo el espectro luminoso sea rebotado y que la prenda se muestre blanca a nuestros ojos.

Dicho y hecho. Concretamente se trata del prototipo Audi A9, y ha sido ideado por Daniel García, inspirado parcialmente en la arquitectura de Santiago Calatrava.

Esta creación tiene la peculiaridad de autorrepararse a sí mismo con ayuda de la nanotecnología, por lo menos en lo que a carrocería se trata. Permite reparar los daños y ajustar el color y la opacidad gracias a un sistema de pintura electrónica que cambia con sólo pulsar un botón.

El motor de este modelo sería híbrido y las baterías, de Ion-litio, estarían alojadas en las cuatro ruedas.

El caso que algo así me pareció verlo en alguna película de 007… ¿se podrá hacer realidad? Yo, por si acaso, voy a ir ahorrando…

Calendario

septiembre 2017
L M X J V S D
« Jul    
 123
45678910
11121314151617
18192021222324
252627282930