Había un señor llamado Claudio Ptolomeo que allá por el año 100 d.C. estudió las constelaciones y los signos zodiacales que recogió en un libro llamado Tetrabiblon con las constelaciones que avistaban los Babilonios del s. VI a.C. Fue el precursor del horóscopo tal y como lo conocemos hoy en día.

Este señor propuso en su día que las constelaciones que dan lugar a los signos del zodiaco, eran iluminadas durante el día por el sol, y visibles por la noche en función de la época del año. Pero hay que tener en cuenta que desde que este señor dijo esto ha llovido un rato largo. En concreto casi 2000 años. Y si tenemos en cuenta que el eje de rotación de nuestro querido planeta cambia cada 26000 años, nos encontraremos que la próxima vez que leamos el periódico para echarnos unas risas con nuestra predicción zodiacal, es posible que tengamos que retroceder un signo atrás por este desfase. ¡Pero qué diantres! ¿Por qué cambiar nuestro signo ahora? Leamos los dos y quedémonos con el que más nos convenga… o con ninguno de ellos.

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