Hoy ha sido uno de esos días en los que mis expectativas han recibido un duro golpe. Y esto habrá sido sobre las dos de la tarde. Revisando las actas para ver un par de notas me he dado cuenta de la rapidez con la que se pueden esfumar los esfuerzos de todo un año, que en este caso han sido en balde, e incluso peor que en años anteriores.

No sé si la suerte tendrá que ver algo en todo esto, o si he sacado la bola equivocada del bombo al comprar mi boleto. El caso es que sienta mal lo que parecía evidente: esfuerzo+constancia+ayuda= consecuencia (más o menos) positiva, cuando lo que encuentro es desolador.

“No lo entiendo” era la frase que repetía una y otra vez en mi cabeza al salir del trabajo. Y es en esos momentos donde nos damos cuenta que no podemos controlar todo, y que lo que no controlamos o rompe nuestras expectativas es lo que más malestar nos causa. Y hoy ha sido un día de esos.

Espero tener más fortuna el domingo en el reencuentro con mi “isla”. Ahí tengo menos esperanzas puestas, pero sí mucha ilusión. Mañana, como dicen, será otro día.

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