Leyendo hace poco un blog, encontré esta explicación tan curiosa.

Según un estudio recién publicado las palabrotas que se nos escapan cuando nos machacamos un dedo o nos golpeamos el pie tienen una función real. Y es anestésica: los exabruptos, reniegos y denuestos contribuyen a eliminar el dolor. Es decir, que la sensación subjetiva de alivio que experimentamos al dejar escapar un sonoro juramento en situaciones dolorosas es real, y las palabrotas tienen su razón de ser. ¿No es maravillosa, la ciencia?

El experimento se realizó con una técnica estándar para medir la intensidad y la resistencia al dolor. Voluntarios colocan sus manos en agua helada y las mantienen allí hasta que ya no pueden más; lo cual resulta ser una medida comparable y precisa de su umbral de resistencia. En este caso a los estudiantes universitarios (habituales cobayas en experimentos de este tipo) se les permitía la gracia de repetir bien un exabrupto de su elección, bien una palabra normal a guisa de mantra.

Los estudiantes que juraban aguantaron hasta 40 segundos más con sus manos en el frío helador, lo que confirma que en efecto, los denuestos de alguna manera les estaban protegiendo del dolor. Lo médicos especulan si el mecanismo por el cual se consigue este efecto tendrá que ver con las emociones que evocan en nosotros las palabras de grueso calibre. Quizá los circuitos emocionales sean capaces de aliviar el dolor, y su activación por medio de las palabrotas nos anestesie un tanto.

Lo que el estudio vuelve a reforzar es la idea de que la mente es capaz de influir de formas muy curiosas sobre el funcionamiento del cerebro. Porque como en el caso del Efecto Placebo, lo importante no es la realidad, sino lo que la mente cree: si la pablabra es insultante, o el azúcar está disfrazado de medicamento, funciona. En otras palabras: el cerebro tiene mecanismos para el autoengaño. Lo cual explica muchas cosas.

Anuncios