Los rayos X son radiación electromagnética, cuya frecuencia de vibración se encuentra entre la luz ultravioleta y los rayos gamma (emitidos en reacciones nucleares), en todo caso mucho más alta que la luz visible o las ondas de radio. Se llamaron rayos Roetgen al principio en honor a su descubridor.

Al tener esta frecuencia tan alta, es altamente penetrante e ionizante (puede modificar las moléculas a su paso).

Si “iluminamos” un cuerpo con rayos X, estos lo atravesarán sin problema, pero al salir, dependiendo del tipo de tejido que hayan atravesado, lo harán más o menos amortiguados. Poniendo una placa fotográfica a la salida, podemos obtener una imagen del interior del cuerpo.

Debido a la alta capacidad de penetración de los rayos X, prácticamente sólo se aprecian los huesos, ya que el resto de tejidos son virtualmente transparentes para esta radiación.

Son particularmente útiles para detección de cuerpos extraños (ingeridos, balas, prótesis, etc.), que bloquean mucho más los rayos X y aparecen con gran nitidez en estas radiografías.

Dada su gran capacidad ionizante, resultan gravemente perjudiciales en altas dosis, ya que producen cambios en el ADN, que pueden llevar a cáncer o malformaciones en embriones o fetos en gestación.

La dosis de rayos X es acumulativa, no es que se pueda tomar una cierta cantidad cada día, sino que lo que tomas cada día se va sumando y al alcanzar una cierta cantidad comienza a ser perjudicial.

Está prohibido en embarazadas o el superar una cierta cantidad de radiografías al año.

Par los médicos y operarios se usan cabinas de plomo mientras se hace la radiografía (el plomo apantalla bastante los rayos X) y trajes con revestimiento de plomo.

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