Pepe Cervera nos contaba el otro día esta curiosa historia.

Es la excusa más usada para defender el derecho a portar armas de fuego: que sirven para la defensa personal. Se supone que quien lleva una pistola es menos probable que resulte víctima de la violencia, ya que su arma disuade a potenciales atacantes; es decir, que quien va armado va más seguro. Y sin embargo los resultados de un estudio sobre tiroteos ocurridos en la ciudad estadounidense de Filadelfia parecen demostrar justamente lo contrario: que llevar un arma atrae balas. Las personas que iban armadas resultaron heridas de bala cuatro veces más frecuentemente que quienes se vieron envueltos en los tiroteos sin llevar armas. Las estadísticas parecen demostrar que una pistola, lejos de proteger de la violencia a su portador, aumenta el riesgo de que resulte herido.

El estudio analiza 677 incidentes ocurridos en las calles de Filadelfia durante un periodo de años, y compara a quienes recibieron balazos con quienes salieron ilesos teniendo en cuenta edades, grupos sociológicos y otros parámetros. No sólo quienes llevaban un arma recibieron más heridas, sino que el efecto se multiplica en quienes las usaron, que resultaron heridos aún con mayor frecuencia. El espectacular resultado sugiere que contra lo que parece obvio llevar una pistola es un importante factor de riesgo en un tiroteo, y no una protección. Lo que no se conocen son los mecanismos exactos por los cuales es más arriesgado llevar un arma; los investigadores especulan con que el exceso de autoconfianza derivado de saber que uno va armado hace que la gente tome riesgos excesivos. Pero no parecen haber tenido en cuenta un factor mucho más evidente: en mitad de un intercambio de disparos el tirador intentará neutralizar de manera rápida y definitiva a quien está armado, pues supone una evidente amenaza. A los fans de las armas el resultado les va a gustar muy poco. Pero razonable sí que suena.

Anuncios