¿Otra pregunta absurda? Para mí no. Antiguamente recordaba que las carreteras de las afueras de la ciudad, y ahora algunos pueblos pequeños, poseían un alumbrado con luz blanca. ¿Por qué una luz naranja? ¿No sería más adecuada una luz blanca como la que recibimos del sol?

Pues bien, he estado buceando un poco y he hallado algunas pistas interesantes.

Las lámparas del alumbrado público de la mayoría de las ciudades son lámparas de vapor de sodio a alta presión (SAP). Y aunque la luminosidad es parecida a la de las que funcionan con luz blanca, se diferencias de éstas por las siguientes características:

1. Alto rendimiento y gasto moderado. Pueden durar unas 24.000 horas.

2. No deslumbran.

3. No reproducen gamas de colores innecesarios (la luz blanca puede tender a varias tonalidades violetas, azules…).

4. El naranja es un color cálido. Esta última me lo comentó un amigo mío electricista, y en parte es cierto. Por la noche hace siempre más frío que por el día, y el contar con una luz de gama cálida hace sugerirnos, psicológicamente en algunos casos, una sensación de calor frente a una luz blanquecina.

Y a parte de que sean más baratas, que es lo que definitivamente importa a los ayuntamientos, ¿no será que nos hemos quedado con reminiscencias de disfrutar el color anaranjado del antiguo fuego de las lámparas de antaño? Pues parece que no.

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