Eso debería haber dicho el señor que inventó la fórmula del queso roquefort. Bueno, más que inventarla, le surgió de casualidad.

Esto surgió en una ciudad francesa, por la que pasamos cerca este puente, Roquefort-sur-Soulzon, cercana a la ciudad de Millau.

Cuenta la historia que hace tiempo un pastor de la zona llevaba un mendrugo de pan y un trozo de queso cuando le sorprendió una tormenta. El pastor se refugió en una cueva, donde dejó estos dos alimentos olvidados tras el paso de este fenómeno atmosférico.

Días más tarde regresó a la cueva donde se encontró el trozo de queso fermentado por las bacterias del pan que tenía a su lado. El pastor lo probó y quedó maravillado por su sabor.

Desde entonces, y tras ese hallazgo, podemos disfrutar de uno de los quesos más apreciados en el mundo.

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