Es algo que me he planteado siempre. ¿Podría uno morirse de risa? ¿O este hecho es sólo un tópico?

Al parecer los hechos hablan por sí sólos, y no sólo los Monthy Python llegaron a esa conclusión.

El 24 de marzo de 1975, Alex Mitchell, un albañil de King’s Lynn en Inglaterra, se murió literalmente de risa mientras veía un episodio de The Goodies titulado Kung Fu Kapers. Según su esposa, que fue testigo del suceso, Mitchell fue incapaz de dejar de reirse mientras veía un seketch del programa en el que Tim Brooke, caracterizado como un escocés con kilt, empleaba una gaita para defenderse del ataque de una morcilla psicópata, como demostración del arte marcial escocés “Hoots-Toot-ochaye”. Después de 25 minutos de carcajada continua, Mitchell se derrumbó finalmente en el sofá y falleció de un ataque al corazón. Su viuda envió más tarde una carta al grupo cómico agradeciéndoles haber hecho tan placenteros los últimos instantes de vida de Mitchell.

La verdad, yo firmaría ahora mismo por morir así.

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