Estos días he estado visitando la exposición itinerante de Atapuerca y me han venido a la cabeza varias reflexiones.

La niña más vieja  del mundo, Lucy, de unos 3,3 millones de años, apareció en 1974 tras unas excavaciones realizadas por el estadounidense Donald Johanson en la región de Afar en Etiopía.

Curiosamente, la región de Afar es una de las más hostiles del mundo. Con sus temperaturas medias de 34ºC, los hombres y mujeres están sometidos a unas duras condiciones de vida, que les han llevado a unos niveles de adaptación extraordinarios.

Me comentaba, sin ir más lejos, el otro día un compañero que varias personas que están trabajando en la zona, como los que descubrieron a Lucy, aparecieron en un programa de National Geographic donde, a parte de mostrar los hallazgos arqueológicos de la zona, comparaban la resistencia física en esas condiciones tan extremas. La cosa fue que el trabajador etíope, con un sol de justicia, se puso a sacar arcilla del suelo. Le estuvieron midiendo la temperatura corporal y se pasó, tan tranquilo, toda la mañana con la pala, dale que te pego. Sin embargo, la odisea del geólogo inglés fue muy distinta. A los 10 minutos de cavar su temperatura corporal se había disparado hasta los 38,7º C y estaba más baldado que un trapo.

No sé que tendrá esa región primigenia, pero en lo que se refiere en términos evolutivos nos llevan un punto de ventaja. Sólo hay que ver la resistencia físca de los atletas etíopes, junto con los rasgos, curiosamente occidentales y hermosos, de las mujeres.

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