Ayer estuvimos en la Duna de Pilat, una gigantesca duna que se corona como la más alta de Europa con sus 107 m. de altura.

Es curioso cómo esta formación, en permanente evolución desde hace varios miles de años, va creando caprichosos montículos y colores en la arena a la par que se interna en un pinar inmenso. Este pinar, perteneciente al Parque Natural de las Landas de Gascuña, fue plantado en el s. XVIII para frenar el avance de la arena hacia el interior, no con mucho éxito, pues la duna le arrebata inexorablemente de 3 a 4 metros anuales.

Ocupa 2,7 km. de costa lineal y hasta 500 m de bosque, con un volumen total aproximado de más de 60 millones de m3 de arena fina eólica.

Es curioso encontrarse con un desierto en plena Francia, y más pasear por él en un día de viento y lluvia. Eso sí, no nos privamos de subirla y bajarla un par de veces llenándonos de arena hasta los bolsillos.

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