Un invento muy útil, por lo menos para mí. Me ha ahorrado tiempo, memorizar itinerarios y ahorrarme imprevistos al volante.

¿Pero cómo funciona? Existe en la actualidad una red de 27 satélites (24 operativos y 3 de respaldo) dedicados al posicionamiento global, en órbitas sincronizadas alrededor de la Tierra. Así, cualquier punto del globo está “cubierto” por varios satélites.

Para situar una posición, el GPS se basa en la triangulación, un principio matemático que determina la posición exacta de un punto conociendo las distancias de éste a otros tres puntos de ubicación conocida. Para ello sólo hay que trazar tres circunferencias imaginarias con centro en los puntos conocidos y cuyos radios coincidan con la distancia del punto a determinar. Las tres circunferencias se cortan en un único punto: la posición a determinar.

Así pues, en teoría, solamente es necesario conocer la posición de tres satélites (y su distancia al aparato receptor de GPS) para poder calcular nuestra posición. Esto parece fácil, pero su aplicación supone bastantes inconvenientes, entre los que el económico no es el menor. Pero todo se soluciona con la inclusión de la medición de un cuarto satélite y algunos cálculos correctivos.

Ahora bien… ¿cómo medimos la distancia de nuestro receptor a los satélites?

La distancia a un satélite se determina comparando el tiempo que tarda una señal de radio, que éste emite, en alcanzar nuestro receptor de GPS, con la misma señal generada en el mismo instante por nuestro receptor.

No obstante, a veces la atmósfera interfiere en el tiempo de llegada de la señal desde los satélites, pero ello se arregla con la inclusión de la medición a un cuarto satélite. Cualquier error debido a la sincronización de las señales (los satélites possen un reloj atómico, pero los receptores de GPS no) o a los factores atmosféricos afectaría a las tres medidas por igual, pudiendo dar un resultado erróneo. Si el error se ha producido, la cuarta señal no coincidirá con tal punto. Entonces, el receptor de GPS realiza un cálculo averiguando qué factor correctivo aplicado a las cuato mediciones las hace coincidir en el mismo punto. Y una vez lo ha hallado lo aplica, obteniendo así la posición correcta.

Un buen invento. Me ha guiado por numerosas ciudades españolas como Madrid, Barcelona, Valencia… e incluso por otras europeas como Toulouse o Burdeos. Veremos que tal se porta estas vacaciones por tierras británicas.

Eso sí, tengo que decir como curiosidad que una vez le gané la partida. No sé si entré con él en una especie de vórtice espacial, pero el caso es que erró al identificar una pequeña localidad de la sierra que yo adiviné acertadamente.

Aún así, tengo razones más que de sobra para fiarme.

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