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Dicho y hecho. Concretamente se trata del prototipo Audi A9, y ha sido ideado por Daniel García, inspirado parcialmente en la arquitectura de Santiago Calatrava.

Esta creación tiene la peculiaridad de autorrepararse a sí mismo con ayuda de la nanotecnología, por lo menos en lo que a carrocería se trata. Permite reparar los daños y ajustar el color y la opacidad gracias a un sistema de pintura electrónica que cambia con sólo pulsar un botón.

El motor de este modelo sería híbrido y las baterías, de Ion-litio, estarían alojadas en las cuatro ruedas.

El caso que algo así me pareció verlo en alguna película de 007… ¿se podrá hacer realidad? Yo, por si acaso, voy a ir ahorrando…

Lo último de Google en tecnología Street View (o vista de calle, para un servidor) ya no pasa por esquiar por pistas  nevadas como la que no dejan en este enlace. El gigante de internet se ha sumado a las tres dimensiones. La conocida plataforma ha incorporado el modo 3D a las capturas de calles, plazas y avenidas de todo el mundo. El funcionamiento es bastante sencillo. Sólo se requieren una gafas 3D.

¿Es usted inversor?, ¿manitas?, ¿emprendedor?… si las respuestas son afirmativas… pásese por TREXA.

Esta empresa ha desarrollado la plataforma para un coche eléctrico con doble motorización, tracción a las cuatro ruedas, suspensión independiente y un conjunto de baterías de litio a las que sólo hay que añadir parte del chasis para que cada desarrollador seleccione el estilo que más le guste, deportivo, todo-camino, urbano…

Las prestaciones son configurables según las necesidades del modelo, la capacidad del pack de litio parte desde los 7kwh hasta los 28kwh, la autonomía comienza en 40 kilómetros hasta 200 km. La velocidad máxima

es de 160 km/h y alcanza los 100 km/h en ocho segundos. La distancia entre ejes será otras de las opciones a escoger, 1,52 metros, 2,03m y 2,43m para la versión más grande.

Ya lo decía yo cuando me compré el coche. El siguiente que tenga será eléctrico…

Desde pequeño siempre me han gustado los coches. Me aprendía las matrículas de cada región y soñaba con conducirlos. Ahora que soy mayor continúo con esa pasión.

De vez en cuando me gusta hacer escapadas con el coche. La última fue por tierras francesas. Recuerdo que nada más pasar la frontera nos adelantó un Audi A6 a gran velocidad. A los 5 min. vimos otro coche por el carril izquierdo que todavía iba más rápido. ¿Un bólido de la Gendarmerie? Efectivamente. Un Subaru Impreza WRX con tracción a las cuatro ruedas y capaz de superar los 240 km/h. Era la primera vez que veía un espectáculo de estas características, y me recordó a la escena de una película producida por Luc Besson.

El caso es que es difícil imaginarse a la Guardia Civil o a la Policía Nacional con automóviles de similares prestaciones.

Así da gusto perseguir a los cacos.

Parece que sí. Y si no, basta con echar un vistazo a su logotipo estos días con la típica txapela en la “g”. La gente se extrañó muchísimo (la página está incluso en inglés). La mayoría de la gente no lo entendió, y el resto se pensaron que había sido un hackeo.

Goear ha acabado siendo un milagro vasco con más de 1.125.000 canciones, y 450.000 usuarios. Que se dice pronto.  Su creador: Mikel Garcés.

Ya había ganas, y muchas. El domingo nos dirigimos temprano a la pequeña localidad oscense de Santa Cilia con un aeródromo que lleva el mismo nombre. Teníamos hecha la reserva desde marzo.

Todos estábamos dormidos, nerviosos, y yo personalmente, me había acostado y levantado mareado la noche anterior. Maldita casualidad.

Mientras firmábamos una serie de trámites por el “por si acaso”, comentábamos jocosamente “¿habéis traído las espátulas para que nos despeguen del suelo?”, “no os olvidéis de la escoba y la fregona para cuando acabe todo, no es plan de dar mala imagen a los salten después de nosotros”, “aquí se matan un fin de semana sí y otro no, que luego cuesta mucho el resucitar”…

Yune y Román fueron los primeros en saltar, luego nos tocó a nosotros.

La verdad es que todo fue muy rápido: colocación de arneses, chichoneras y gafas, comprobación del material y explicaciones de última hora. Fue entonces cuando subimos a la avioneta con cara sonriente y llenos de nervios por lo que nos esperaba. Cerramos la loneta de velcro, que luego abriríamos y que nos permitiría saltar, y despegamos. Aunque pequeña (íbamos montados 6 pasajeros incluido el piloto), la aeronave era estable. Sólo hizo un viraje cuando casi nos estrellamos con un buitre leonado, muy común alrededor del aeródromo (¿sería por algo?), hasta que llegamos a los 4.000 m. (más arriba había que saltar con oxígeno). No sé por qué, pero no estaba nervioso, quizás porque no sabía lo que me esperaba… Nos deseamos suerte chocando los puños y empezó la diversión: abrimos la loneta y me situé al borde del abismo cuando, sin ni siquiera una señal, estaba dando una vuelta en el aire perdiendo de vista la avioneta y al logotipo de “Turismo de Aragón” que se nos quedaba cada vez más lejos. La caída fue espectacular: 40 segundos a casi 200 km/h. Una sensación de ser libre y poder volar por una vez me embriagaba, aunque cayese como un piano de cola desde un rascacielos, hasta que se abrió el paracaídas, entonces noté cómo todo iba más despacio, aunque siguiésemos cayendo a una velocidad considerable, lo que me provocó cierta nostalgia de los trepidantes segundos anteriores. Poco a poco nos fuimos acercando al suelo sin grandes giros (aún me notaba algo mareado) contemplando el horizonte al mismo tiempo que el fin de nuestro trayecto y la “zona de aterrizaje paracaidística”. Ante la imposibilidad de subir las piernas para frenarnos, los dos nos clavamos en el suelo poniendo fin así a nuestro periplo volante. Después aterrizó mi compañero. Cuando nos incorporamos, me dí cuenta que por el aire se me había desprendido una lentilla y estampado contra la gafa de plástico. Esta vez pude, no como la última, recuperarla y conseguir abrirla sin que se me rompiese. Fue curioso. Aún así estaba inutilizable.

Fuera de la pista y con un hambre voraz, esperamos el último salto y nos dispusimos a degustar el menú del restaurante-bar adjunto. Después de la comida, un chapuzón y una ronda de toques con un pequeño balón dieron fin a esta jornada tan original.

En la foto, Fernando en el tándem y Juan a su derecha.

Y aunque no tuvimos vídeos, éste es una muestra de lo que pasa ahí arriba:

“Ojalá me hubiera dado cuenta antes. No siempre lo urgente es lo importante.” Y en esos días urgía estudiar y descansar, pero el respiro mereció la pena. Tres telescopios situados en la Casa de las Ciencias nos acercaron a la luna más de lo que hubiese podido imaginar.

La sociedad astronómica los dispuso celebrando el 60 aniversario de la llegada del hombre a nuestro querido satélite. Y ahí estuve, maravillándome contemplándola tan cerca. Aprovechando que traía mi cámara, y en un ejercicio de funambulismo, le saqué una instantánea. Éste es el resultado.

Luna 27-06-09

Está en su fase creciente al 30 % aproximadamente.

Hace poco me llegó un correo sobre la seguridad de Facebook y la posibilidad de ver las galerías de fotos de mucha gente. Aquí os dejo la entrada de Manuel Benet:

No me cabe duda de que todos ustedes conocen Facebook. Otra cosa es que lo utilicen de manera asidua; yo personalmente todavía no le acabo de encontrar el gusto. La cuestión es que como saben, si buscan ustedes a alguien dentro de esta red social, no es “amigo” suyo y el perfil de la persona no es público, sólo verán lo siguiente:

faceb

Esto significa, por ejemplo, que no tendrán acceso a las fotos de esta persona, que suele ser uno de los recursos más “codiciados” de este tipo de redes sociales. Eso, en teoría, porque al parecer, según nos enteramos por Mar Monsoriu, y tal y como comentan en Geek The Planet, sí existe una forma de acceder a esta información, a no ser que el usuario haya previsto esa posibilidad previamente (algo que muchos usuarios no hacen). Sigan leyendo.

El (posible) problema

Si le echan un vistazo a la página del usuario de la imagen anterior, verán que debajo de la foto hay un enlace, que dice “Agregar a Oscar a mis amigos”, y que está formado de la siguiente forma:

donde “XXXXXXXX” es el identificador de nuestro amigo Óscar en Facebook. Este identificador aparece también en otros enlaces, como en “Enviar un mensaje a Oscar”, “Ver todo” o “Denunciar a esta persona”. El caso es que, una vez hemos obtenido el identificador, vamos a la página web para desarrolladores de aplicaciones:

En esa página, seleccionamos “Facebook PHP Client” en Formato de Respuesta, y fql.query en el desplegable de los métodos. Debajo aparecerá un recuadro donde escribir la consulta SQL que queremos aplicar sobre el identificador que hemos obtenido. Aunque es posible obtener otro tipo de información, vamos a limitarnos a los álbumes de fotos. Así pues, escriban la siguiente consulta SQL:

SELECT name, link
FROM album
WHERE owner=XXXXXXXX

Con lo que obtendremos (cuando el usuario tenga álbumes de fotos) una serie de URLs con el siguiente formato:

Que sólo tendremos que pegar en el navegador para acceder al álbum de fotos.

No hay que olvidar en ningún momento que estamos hablando de redes sociales con millones de usuarios que comparten datos reales de sus vidas: comentarios, opiniones, hábitos, fotos, etc. Gestionar todos esos datos exige una responsabilidad especial, admitir que son algo más que un montón de información que exprimir publicitariamente, y ser consciente de su importancia.

Personalmente, para serles sincero, no estoy nada seguro de que esa conciencia exista.

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