You are currently browsing the category archive for the ‘Ciencia’ category.

Existe un lugar en las montañas de Colorado donde la nieve es color de rosa. Aunque el fenómeno se produce en otras montañas del mundo, aquí es tan frecuente que algunos lugareños la han probado y la llaman ‘watermelon snow’ por su sabor a sandía.

Aunque durante años hay quien ha buscado explicaciones mágicas, la coloración de la nieve se debe a la presencia de un alga llamada “chlamydomonas nivalis”. Según los científicos no pasa nada por comerla, aunque si se ingiere en cantidades suficientes puede producir una vistosa “diarrea rosada”.

Desde tiempos inmemoriales el fenómeno de la nieve rosa ha intrigado a alpinistas y exploradores de todo el mundo, y fue mencionado por Aristóteles en sus tratados sobre Naturaleza. Las grandes extensiones de nieve rosa son visibles al final de la primavera. Cada centímetro de nieve contiene millones de algas microscópicas, cuya concentración puede alcanzar una profundidad de hasta 25 centímetros.

Existen hasta 350 tipos de algas capaces de sobrevivir a bajas temperaturas; algunas convierten la nieve en negra, marrón o amarilla.

Pero solo la extraordinaria “Chlamydomonas nivalis” consigue darle este aspecto de apetecible sandía.

¿Hasta cuánto ha podido explorar el Hombre gracias a la tecnología desarrollada estos últimos años?

Este vídeo sobrecogedor nos muestra que algo conocemos, a la vez que nos demuestra lo insignificantes que somos.

Realmente el café descafeinado posee cafeína, pero en muy bajas proporciones: del 0,1% al 0,3%, mientras que el grano de café normal atesora entre un 0,8% y un 2,5%.

Pero ¿cómo se extrae la cafeína del café para obtener café descafeinado?

Muchos conocemos los efectos de la cafeína en el organismo humano como una bebida estimulante, pero también hay personas que sólo consumen café descafeinado por problemas de salud o para disminuir su dependencia de la cafeína.

Como el café desarrolla casi todo su sabor durante el proceso de tueste, la cafeína se extrae directamente de los granos verdes, existiendo para ello diferentes métodos, que se han perfeccionado hasta el punto de afectar mínimamente al sabor y al aroma. Encontramos principalmente tres:

Tratamiento con agua

Los granos de café humedecidos se empapan en agua mezclada con extracto de café verde al que se le ha reducido previamente la cafeína, aunque también se realiza el lavado solamente con agua. Un fenómeno de ósmosis atrae la cafeína de la alta concentración de los granos a la baja concentración del disolvente. Los granos ya descafeinados se secan con aire caliente. En cuanto al agua con la cafeína disuelta, se bombea ésta a través de un filtro de carbón activo que absorbe la cafeína, pero deja otros compuestos adicionales que añaden sabor al café, así ya está lista para utilizarse con nuevos granos. Es el agua mezclada con extracto de café verde que se nombraba al inicio.

Proceso de cloruro de metileno

Este método emplea cloruro de metileno como disolvente químico. Los granos verdes se humedecen en agua para que la superficie del grano se vuelva porosa, y se dejan en remojo en cloruro de metileno hasta que la cafeína se haya disuelto. El disolvente se elimina mediante un evaporador y después se lavan los granos. Después de ello se secan con aire caliente. El cloruro de metileno se reutiliza para posteriores procesos de descafeinado.

Tratamiento con dióxido de carbono

Se hace circular dióxido de carbono entre los granos, dentro de tambores que funcionan a una presión de 250 a 300 atmósferas. A estas presiones, el CO2 adquiere propiedades únicas que le confieren una densidad similar a la de un fluido y la capacidad de difusión de un gas, lo que le permite penetrar en los granos y disolver la cafeína. El CO2 rico en cafeína se canaliza a través de un filtro de carbón vegetal que la absorbe, permitiendo que éste vuelva al circuito y a los tambores. Los granos ya descafeinados se secan con aire caliente.

Menos mal que a mí no me gusta el café, aunque haya días que debiera tomarme uno bien cargado.

El volcán que ha maldecido el espacio aéreo europeo se llama, nada más y nada menos, Eyjafjallajökull. Como para pronunciarlo.

Ha sumido toda esta semana a Europa en un caos de vuelos cancelados en la mayoría de sus aeropuertos. La razón: la nube de ceniza volcánica cargada de cristales de sílice que han sido dispersados por los cielos de media Europa.

Según los expertos, estas partículas son como lijas voladoras. De hecho se pueden constatar sus efectos nada más salir del cráter: la interacción entre las partículas de ceniza carga eléctricamente la nube provocando impresionantes rayos. Para muestra un botón. Yo me lo pensaría dos o tres veces antes de volar viendo esta erupción. Las fotografías parecen ciencia-ficción.

Siempre he sentido curiosidad sobre cómo se fabrican estos simpáticos objetos decorativos. De pequeño muchos hemos jugado con globos: ya sea inflándolos de aire, comprándolos llenos de helio en una feria, introduciéndoles agua en verano para salpicar a nuestros amigos… También los hemos visto en fiestas de cumpleaños, como anuncios publicitarios, e incluso en trucos de magia.

¿Pero cómo se fabrican? Un vídeo sacado de YouTube nos arroja luz sobre su proceso.

Un invento muy útil, por lo menos para mí. Me ha ahorrado tiempo, memorizar itinerarios y ahorrarme imprevistos al volante.

¿Pero cómo funciona? Existe en la actualidad una red de 27 satélites (24 operativos y 3 de respaldo) dedicados al posicionamiento global, en órbitas sincronizadas alrededor de la Tierra. Así, cualquier punto del globo está “cubierto” por varios satélites.

Para situar una posición, el GPS se basa en la triangulación, un principio matemático que determina la posición exacta de un punto conociendo las distancias de éste a otros tres puntos de ubicación conocida. Para ello sólo hay que trazar tres circunferencias imaginarias con centro en los puntos conocidos y cuyos radios coincidan con la distancia del punto a determinar. Las tres circunferencias se cortan en un único punto: la posición a determinar.

Así pues, en teoría, solamente es necesario conocer la posición de tres satélites (y su distancia al aparato receptor de GPS) para poder calcular nuestra posición. Esto parece fácil, pero su aplicación supone bastantes inconvenientes, entre los que el económico no es el menor. Pero todo se soluciona con la inclusión de la medición de un cuarto satélite y algunos cálculos correctivos.

Ahora bien… ¿cómo medimos la distancia de nuestro receptor a los satélites?

La distancia a un satélite se determina comparando el tiempo que tarda una señal de radio, que éste emite, en alcanzar nuestro receptor de GPS, con la misma señal generada en el mismo instante por nuestro receptor.

No obstante, a veces la atmósfera interfiere en el tiempo de llegada de la señal desde los satélites, pero ello se arregla con la inclusión de la medición a un cuarto satélite. Cualquier error debido a la sincronización de las señales (los satélites possen un reloj atómico, pero los receptores de GPS no) o a los factores atmosféricos afectaría a las tres medidas por igual, pudiendo dar un resultado erróneo. Si el error se ha producido, la cuarta señal no coincidirá con tal punto. Entonces, el receptor de GPS realiza un cálculo averiguando qué factor correctivo aplicado a las cuato mediciones las hace coincidir en el mismo punto. Y una vez lo ha hallado lo aplica, obteniendo así la posición correcta.

Un buen invento. Me ha guiado por numerosas ciudades españolas como Madrid, Barcelona, Valencia… e incluso por otras europeas como Toulouse o Burdeos. Veremos que tal se porta estas vacaciones por tierras británicas.

Eso sí, tengo que decir como curiosidad que una vez le gané la partida. No sé si entré con él en una especie de vórtice espacial, pero el caso es que erró al identificar una pequeña localidad de la sierra que yo adiviné acertadamente.

Aún así, tengo razones más que de sobra para fiarme.

Calendario

julio 2017
L M X J V S D
« Jul    
 12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930
31